Estoy missing. Una historia personal.

Que hace siglos que no actualizo el blog. Ni cuelgo un vídeo absurdo de mamá friki. Ni escribo… (Bueno, esto último es mentira: en los últimos meses he conseguido escribir un par de relatos, pero no he podido empezar las dos novelas que quieren salir de mi cabeza y amenazan con hacerla explotar).

simpson

Así que os voy a contar por qué. Esto es personal. Y transferible.

Tengo un trabajo que desde hace algunos años es a tiempo parcial. Es decir: trabajo sólo por las mañanas. De manera que por las tardes me puedo dedicar a escribir y a mis frikadas. Pero (¡ay, los “peros”!) desde el pasado octubre y por una serie de cuestiones que no vienen al caso, trabajo a tiempo completo. Mañana y tarde. Y eso iba a ser temporal, sólo hasta febrero… Pero luego se alargó a abril. Y ahora… Ahora no sé exactamente cuándo podré volver a mi horario parcial. Porque ahora, además, he cambiado de trabajo.

Y además (¡ay, los “ademases”!) en el último mes he estado de obras, se me ha inundado el baño (con agua de las alcantarillas, una chulada, oigan) y he pillado un constipado o gripe que no me quiere abandonar y me hace toser como un perro apaleao.

Pues eso: que no es la mejor época y que no tengo tiempo para nada. Y ¿a quién le importa?.. ¡Pues a mí! Que no encuentro el momento de ponerme a escribir lo que tantas ganas tengo de escribir ni de grabar las bobadas que se me pasan por la cabeza.

Pero bueno, sigo viva. Y en estos meses también ha habido cosas buenas: gracias a las obras, ahora, cuando llueve, ya no me entra el agua en casa. Y estuve en mi pueblo (Madrid), en mi antiguo colegio, presentando “El Misterio de Arlene” de la serie “Tres Amigos y un fantasma” (que se desarrolla en un internado inspirado -por no decir calcado- en aquel colegio) y fue una experiencia muy, muy (MUY) bonita y muy emocionante. Y fui a Oporto (en Portugal, no el de Carabanchel de Madrid) y me inspiró un relato. Y pude enseñar el museo de El Prado a mi hija, y vimos el esqueleto de un gigante… Y vi a viejos amigos. Y he aprendido muchas cosas. Y he comido cosas ricas. Y he descubierto las patatas fritas bien gordas del Aldi. Y recibí un mensaje muy bonito del pasado. Y he hecho que se emocionen algunos. Y me modelado un collar. Y he visto amaneceres. Muchos. Y qué bonitos eran, caramba. Y, he tenido ideas que revolotean por mi cabeza, y un día las escribiré. Y me quedaré a gusto. Ay. Qué gusto.

escolapias

Este es mi antiguo colegio que está apunto de cumplir 150 años y en la pantalla hay una foto del mismo en el s. XIX. Pasmoso.

 

 

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Star Wars y yo

En 1977 yo tenía nueve años. El estreno de La Guerra de las Galaxias fue todo un acontecimiento. Colas gigantescas se formaban alrededor de los cines en que se proyectaba. Su éxito fue tal que mi padre decidió llevarnos a verla, con mis primos, unos primos a los que no veíamos casi nunca, a la sesión de noche, en el Real Cinema de la plaza de la Ópera de Madrid. (Un cine que ya no existe).

Han Solo Star Wars
Yo tenía nueve años y aún recuerdo la tremenda impresión que me produjo ver en pantalla aquella escena incial en la que una nave enooorme era, es, siempre será, perseguida por otra nave aún más enooormeee, que no se acababa nunca… Era un plano absolutamente novedoso en el cine, y la sensación de realismo fue tan brutal que aún la recuerdo.

Del resto de la película no recuerdo nada. Pero en cambio sí que recuerdo ir, muy de noche, de vuelta a casa, en coche, por una carretera de Extremadura desierta, pensando en lo que había visto. Era a-lu-ci-nan-te. ¿Cómo podían haber hecho algo tan molón?

George Lucas Lawrence Kasdan
Luego vinieron los cromos, el puzzle de los Xwing que colgué en mi cuarto, los muñequitos de kenner… Tenía nueve años, pero cuando estrenaron El Imperio Contraataca, debían ser ya doce. Y entonces, entonces sí que me dió fuerte. Aquel final, tan abierto y tan triste me dejó intrigadísima y hecha polvo. La secuela me gustó aún más que La Guerra de las Galaxias y como no tenía vídeo, arrastraba a mi hermano, menor que yo, a cualquier cine dónde la echarán.

Vi El Imperio Contraataca, en cine, así como doce veces. Me sabía los diálogos, los aprendí casi sin querer, y Han Solo, Harrison Ford, se convirtió en mi héroe y yo, en su primer fan. Qué guapo estaba el condenado. “Te quiero”, decía Leia, y él le contestaba “Lo sé”. !!! ¡Madre mía! Tanta emoción en sólo dos palabras me dejó derretida del todo.

Harrison  Ford Autógrafo Star Wars
Como fan del siglo XX me dediqué a contactar con ¡todo el mundo! Escribí a la Twenty Century Fox americana, a la distribuidora en España, la Cinema International Corporation, a los agentes de los actores (recordad que Internet no existía, así que preguntaba en la embajada americana…). Gracias a mis actividades conseguí carteles, fotos, autógrafos… Era la fan número uno, ¿no?

Carrie Fisher Autógrafo
Y esa emoción, ese amor incondicional por la saga de Star Wars se mantuvo en el tiempo. Allí escondida en mi corazoncito. Hasta que estrenaron La Amenaza Fantasma. Nadie podría estar más emocionada que yo. Cuando , de nuevo en el cine, oí la música de John Williams… Oh, ah, oh… Y entonces vi la película y… aquello era una mierda. O sea, sí, estaba bien hecha, pero la historia, los personajes, me importaban un comino. Aquello no tenía emoción alguna. Era un envoltorio maravilloso para un enorme vacío.

Sí, vi luego las otras dos películas y no volví a verlas nunca más. Me decepcionaron tanto que ahora, años después, cuando estrenan una nueva película de Star Wars, y los fans atronan las redes, yo callo. Ni siquiera he comprado una entrada. Ni siquiera sé cuándo iré a ver El Despertar de la Fuerza. Iré sí. Pero me decepcionaron tanto hace años, que mataron toda emoción. Ahora ya no espero nada. Mis expectativas son cero. Es como un amor que te traicionó y te hizo tanto daño que ahora cuesta volver a enamorarse. Veremos. Veremos.

¿Cómo hacer setas de gnomos con unos rabanitos? (Mamá friki)

En este wonderfuloso video explico cómo hacer setas de gnomos, de enanitos o de Super Mario con unos rabanitos.

Y, ya puestos, también hablo de las propiedades nutricionales de los rabanitos y de los fallos de racord. (Cosas que pasan cuando no puedes grabar lo que quieres grabar en los días que pretendes hacerlo…). 😉

¡Ah! Y casi no se ve, pero lo mejor es: comerlos con un poquito de aceite de oliva, sal y pimienta. ¡Y ya está!

Eclipses de sol totales

Sí, soy una mamá friki y es muy raro que no me haya convertido en una cazadora de eclipses totales.

El último eclipse de sol total que pudimos contemplar desde Europa fue en 1999. Había que ir hasta el norte de Francia para poder disfrutarlo al 100%, pero ¡qué distancia es esa para una mamá friki!

La experiencia de vivir un eclipse solar completo (100%) es única. Da igual las fotos o las grabaciones que hayas visto, ¡nada iguala lo que significa sentirlo en vivo!

En 1999 yo leí en una revista la experiencia de un abuelo que había contado a su nieto cómo había sido el eclipse que había vivido en Lleida (creo) a principios del s.XX. Su entusiasmo era tal, que aquella narración me convenció para ir en busca del eclipse total.

Susana Vallejo Madre de Dragones Friki

Preparada para el eclipse

De modo que allí que me fui. Era agosto del 99. Pillé unos atascos fenomenales en las autopistas francesas que conducían al norte, pero, como se trata de un país pseudocivilizado, abrieron las barreras para agilizar el tráfico. Un poco antes de la hora de la totalidad, llegué a un prado en el que ya había unos franceses de picnic, en sus tumbonas y con sus gafas de Mylar, preparados para ver el eclipse. ¡¡¡¡NUNCA MIRÉIS AL SOL DIRECTAMENTE!!!!! No vale hacerlo a través de una radiografía, ni de papel Albal, ni siquiera de unas gafas de soldador. Lo único que puede proteger tus ojos de lesiones irreversibles es un papel especial que se llama Mylar. (Se puede comprar en ópticas especializadas, en esas en las que puedes comprar telescopios: si hay telescopios, hay Mylar).

Total, que yo llevaba mis gafitas de Mylar preparadas. A través de ellas vi cómo iba aumentando la sombra de la Luna sobre el sol, al principio muy despacio, sin que apenas se notase algo especial. Pero luego, cuando una buena parte del sol estaba ya cubierto, la luz se volvió “rara”. Ocurrió muy poco a poco; de repente vi todo más oscuro, pero no como ocurre al atardecer. Esta era una sombra mate, gris, extraña. Y esa sombra mate era cada vezmás patente. Parecía algo antinatural.

Yo iba alternando el mirar a través de las gafas (“¡Ay, que sólo le queda una “uñita” al sol”) y al natural (“Ay, qué oscuro se está poniendo todo”).
Cada vez hacía más frío y más aire. Y, de pronto, porque el 100% se alcanza de pronto, ves cómo la luna está JUSTO delante del sol y lo tapa por completo. A través de las gafas ves sólo la corona, el borde del sol que empieza a arder.

Eclipse total corona

Esta foto tan chula es de la Wikipedia

Entonces me quité la gafas y… ¡la corona brillaba como si fuese mágica, santa, mística. Brillaba y saltaba. Y a su alrededor salían luces o rayos naranjas, azules y blancos. El horizonte, en cambio, mostraba la misma oscuridad del amanecer. Cuando apenas has podido comprender lo extraño y bello de todo eso, plaf, la corona estalla por un lado y se acaba ese momento cumbre tan efímero y hermoso. Y poco a poco, de nuevo la luz vuelve a la normalidad. Vuelve el calor, cesa el viento y los pájaros (que se callan y desaparecen) vuelven a la vida.
Un eclipse total es único. Es como vivir dentro de los efectos especiales de una película, pero ¡al natural! No me extraña que los antiguos pensasen que aquello era el fin del mundo. Todo es muy raro (¡y muy bello!).
Si tienes oportunidad de ver un eclipse total, ¡no te lo pierdas!

Aquí más sobre el eclipse del próximo viernes día 20. (Desde España asistiremos “sólo” al 80% de oscurecimiento del sol).

Y en 2026 podremos vivir un nuevo eclipse total de sol. ¿Te lo vas a perder?