¡Me gusta la Navidad!

Pues a mí me gusta la Navidad, con sus lucecitas, su compulsión compradora, su gente corriendo para un lado y otro. Me gusta el vaho en las ventanillas de los autobuses llenos de pasajeros, las miradas de los niños en la noche de Reyes, los gorros y las bufandas. Me gustan las carreras apresuradas de multitudes cargadas de bolsas y la música en las calles. Me gusta el papel de regalo, el verde de los árboles de plástico, el rojo y el blanco de los trajes de los falsos Papás Noeles y el blanco de la nieve de corcho y de espuma de plástico. Y el espumillón hortera.

¡Cómo me gusta!

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Viejas pelis navideñas en blanco y negro. Los más jóvenes del lugar, ¿conocéis el referente de “Chencho” en la Plaza Mayor de Madrid? ¿habéis visto “Qué bello es vivir”?

La Navidad nunca ha sido un evento familiar para mí. No asocio esta época a comidas en familia ni reencuentros ni buenos momentos frente a un pavo, un cordero, cava, comilonas, polvorones… Siempre he sido adoptada por otras familias (la de mi ex marido, la de mi pareja actual, la de un amigo…). Y sin embargo, me encanta el cordero y los turrones y los polvorones. Y poner una mesa bonita. Y el reflejo de las copas de cava y de vino sobre el mantel.

Me encanta adornar la casa y convertirla en un atentado contra el buen gusto. Me encanta llenarla de luces, papá noeles y gilipolleces variadas. Me gusta sacar el calendario de adviento y hacer paquetitos de chuches y repartirlos por los bolsillos del calendario.

Me gustan las vacaciones y comprar regalos a los que quiero. Me gusta la Navidad.

Y por encima de todo, me gusta ver cada año, esa joya cinematográfica, construida como una perfecta obra de relojería, en la que cada miguita de información tiene, después, su sentido. Me encanta verla en familia, arropados bajo unas mantitas y decubrir que sigue emocionando a una adolescente de 13 años. Me gusta ver a un joven Alan Rickman fingiendo su acento europeo, a Alexandr Godunov joven y melenudo y a Bruce Willis haciendo muecas, descalzo y en camiseta. Porque “La Jungla de cristal” es la mejor película de Navidad (¿junto a “Love Actually“?) y porque ¡ahora tengo una metralleta! Ho ho ho.

¡Felices fiestas!

Bruce Willis, después de La Jungla de Cristal, aprendió a actuar. Un poco.

Presentación de “Madre de Dragones”

El sábado pasado presenté en la librería Gigamesh el libro “Madre de Dragones” y si no pudiste asistir, aquí tienes la grabación del evento. (ojo, los primeros segundos no se oye bien, pero ¡enseguida se arregla!).

Te recomiendo ponerte a hacer otra cosa mientras lo ves. Porque se trata de una grabación en plano fijo que puede llegar a aburrir a las ovejas, y a no ser que quieras observar cómo me coloco las gafas o muevo nerviosamente un pie, acabarás hartito/a. De modo que mejor te dedicas a hacer otra cosa y lo oyes de fondo, como si se tratase de un podcast o ¡de la radio de toda la vida!

Algunas frases y temas (más o menos delirantes) entresacados del discurso:

Descubrí como se hacen los sabores asquerosos de caramelos (como los de Harry Potter), de cerumen, vómito, porquería hierba…

Una guía práctica y divertida a la que volver una y otra vez. Yo quería hacer un libro así… Como el “Manual de los Jóvenes Castores” pero con más risas.

El hada de los dientes (del estilo de nuestro ratoncito Pérez, pero en la cultura anglosajona) vive en una ciudad de carreteras y casas construidas con dientes. ¡Que yuyú!

El papel de los frikis es salvar al mundo del aburrimiento