Mi viaje Ikea. Yupiii!

¿Os acordàis que os conté que había ganado un viaje a Suecia gracias a Ikea?

Todo empezó un día en el que estaba curioseando entre los trending topics de Twitter. Me topé con #MiMomentoIkea. Descubrí que estaba en marcha un concurso que organizaba IKEA por su “20 Cumpleaños en España” y que consistía en escribir en un tuit cuál era “tu momento Ikea”.

En serio que me quedé pensando un rato. ¿Cuál era mi momento Ikea? Pasaron por mi mente algunos momentos memorables: Cuando casi muero montando una estantería Kallax sola, cuando tuve que llamar a una amiga para colocar la mesa plegable de la cocina porque sola no podía sujetarla y al mismo tiempo marcar la altura a la que hacer los agujerillos en la pared, cuando había un partido Barça – Madrid y la tienda Ikea se quedó vacía y nosotros caminamos por los pasillos desiertos como si se tratara de un apocalipsis zombi… Pero enseguida me di cuenta de que Mi Momento Ikea fue otro. Recordé cuando mi hija tenía unos cuatro años y estábamos cenando en la cocina. Ella se dio cuenta que los vasos eran de Ikea, los cubiertos ¡también de Ikea!, los muebles, los cuadros, las cajas… Y me dijo algo así como “¿Es que en casa todo es de Ikea?” Le dije que sí, que por supuesto. Todo era de Ikea. Incluyéndola a ella.

Por supuesto, los niños venían de Ikea; pero, claro, no los vendían como los muebles en sus tiendas. Lo de comprar niños Ikea se parecía más bien a cómo se encargan las cocinas. Y le conté que yo había pedido una niña rubita y con ojos oscuros como los míos… Mi hija no sabía si creerme. Era demasiado pequeña como para saber de dónde venían los niños y demasiado mayor como para tragarse tamaña absurdez. Pero se quedó con la duda y yo me reí mucho. MUCHO. Muahhahahaaa.

Así que conté eso en un tuit y esto es lo que pasó:

Tuit Ikea

Cuando me enteré que era la ganadora del concurso me quedé “de pasta de boniato”, porque para entonces ya me había olvidado del tema y, de hecho, no sabía QUÉ era lo que se ganaba en ese concurso. Yo me había imaginado que sería un vale para comprar productos Ikea (siempre dispuesta a comprar más estanterías Billy para almacenar más libros) y cuando descubrí que el premio consistía en un viaje a Suecia ¡no me lo podía creer! ¡Fiestaaa!

Y ahora, casi en verano, llegó el momento del viaje:

DESTINO: ÄLMHULT (Ojo, que he aprendido a escribir “Älmhult” sin tener que mirarlo en ningún sitio).

Nos levantamos pronto (muy muy pronto) para coger un avión hasta Copenhague. Resulta que el pueblo en el que nació el fenómemo Ikea está en Suecia, en el sur, mucho más cerca de Copenhague que de Estocolmo.

Ikea nos mandó un chófer que nos recogió en casa y allá que nos fuímos hacia el aeropuerto en un amplio y lujoso Mercedes (nosotros tres con nuestras pintas de turistas de mochila y zapatillas y más felices que unas pascuas).

Resulta que el fundador de Ikea, Ingvar Kamprad, nació en este pueblecido al sur de Suecia (Älmhult, que ya os digo que sé escribirlo sin buscarlo en ningún lado) y es allí donde en 1958 abrió la primera tienda Ikea. Ahora ese edificio es el nuevecito y reluciente Museo Ikea. Para llegar hasta allá, cogimos un tren en Copenhague que se estropeó a medio camino (aunque gracias a ello conocimos la ciudad de Malmö y descubrimos unos caramelos picantes deliciosos) y por fin llegamos a Älmhult y al Hotel Ikea.

Älmhult es un pueblecito pequeño y encantador. Si andas en cualquier dirección a los diez minutos te “sales” del pueblo. Älmhult tiene un Café Kagan (ese nombre nos hizo pensar en varias imágenes inquietantes y hacer unos cuantos chistes de mal gusto), un ayuntamiento muy feo, unas casitas encantadoras recubiertas de plantas y flores, árboles gigantescos, un par de supermercados y una estación de tren con ascensores de cristal. Älmhult nos pareció un pueblecito idílico. La vegetación es verde y brillante, en esta época del año las flores lo cubren todo; las lilas violetas y blancas, unas flores colgantes amarillas que no sé cómo se llaman, otras de todas las gamas del morado que crecen en los prados… el aire es puro, el olor de las plantas y de las flores te da energía. Todo es bonito. Parece “de mentira”.

Nuestro objetivo era ver el Museo Ikea y ¡allá que fuimos!

Museo Ikea Museum

El Museo Ikea y nosotros más felices que unas pascuas

EL MUSEO IKEA

El museo se abre con una frase de Ingvar Kamprad que dice algo así como “Para crear una vida mejor en el día a día de mucha gente” y a partir de ahí encuentras una cafetería restaurante la mar de chula, exposiciones, la historia de Ikea, la tienda del museo… En la pequeña tienda (más bien una tienda de recuerdos) se encuentran objetos que no pueden comprarse en ninguna otra tienda del mundo, sólo allí: en el Museo Ikea de Älmhult, donde Cristo perdió el gorro. Casi todos los objetos llevan el símbolo del Museo y de Ikea: una línea negra quebrada que forma parte del diseño del edificio y que se ha convertido en el símbolo de Ikea.

Ikea shop

Esta es la tienda Ikea en una foto oficial. En la realidad no hay casi gente y si la hay, no es tan guapa

Ahora, unos días después, recuerdo especialmente la historia de la mítica estantería Billy (con la explicación del fundador contando que cuando las Billy pasaron de 90 cm a 80 cm por poco se monta una revolución en Suecia -lo que le hizo darse cuenta que sus productos no eran simples productos, sino que formaban parte de la vida de la gente-), la explicación de cómo se hace el catálogo Ikea traducido a “veintemil” idiomas, del proceso de creación de un mueble, de los materiales y los colores que se usan…. Y, por supuesto, la de la evolución histórica de las casas suecas (de las cocinas, de las vidas de las amas de casa…). Entonces tuve la sensación de que no estaba conociendo la historia de Ikea, sino la historia del siglo XX. Porque, en efecto, a lo largo de estos años ha cambiado dramáticamente la forma de cocinar, limpiar, lavar, ¡y de vivir! Ikea ha significado la democratización de muebles de diseño atractivo, sencillo y funcional. Y ha hecho la vida más fácil a todos (muebles fáciles de montar, de comprar y “de vivir”).

Uno de los detalles más divertidos del museo es que te puedes hacer una foto en el “decorado” de la portada del catálogo de Ikea. Luego te la imprimen como si se tratara del propio catálogo. (¡Hemos sido portada del catálogo de Ikea! ¡Tomaaa!).

Ikea catalogo

Tú también puedes ser protagonista de la portada del catálogo de Ikea

El Museo Ikea también muestra un recorrido histórico: el timeline con las aperturas de las tiendas de todo el mundo, imágenes y vídeos de las inmensas colas de suecos comprando en los años 50 y 60 y cargando a tope sus mini coches de paquetes planos de Ikea… Contemplamos la evolución del logotipo, algunas piezas y catálogos históricos, incluso vimos el escritorio de Ingvar Kamprad (muy austero él).

Puestos a quedarme con algo, elijo lo más representativo de la marca: los cuadros “homenaje” a los símbolos de Ikea por excelencia: la bolsa azul (imprescindible en mi casa para cargar ropa sucia y limpia de un lado para otro), la llave allen (para montar los muebles) y los paquetes planos.

Total, que todo resulta muy entretenido, curioso e interesante. Nos lo pasamos pipa dando vueltas, probando cosas y aprendiendo tonterías y cosas serias (desde cómo cambia la decoración un mismo espacio, al cuidado del medio ambiente por parte de Ikea).

Ingvar Kamprad Museo Ikea

Este es el fundador de Ikea que nació a unas decenas de metros del museo y ahora tiene 91 años. Tiene cara de buena persona, ¿no?

DISEÑO DE TEJIDOS IKEA

Tuvimos la suerte de que al día siguiente de nuestra llegada iban a inugurar una exposición temporal sobre diseño de tejidos e historia de los diseños de las telas de Ikea: Textile Playground (que no sé yo bien cómo traducir esto).

La entrada no sólo era gratis, sino que además ¡regalaban helados (deliciosos Häagen Dazs) y una bebida! Yo me imaginaba que habría hordas de jubilados y familias ociosas deseosas de probar helados “por la cara”… Y, oye, lo de la gente pegándose por probar cosas gratis debe ser cosa de España, porque éramos casi los únicos. En el acto de inauguración apenas había 20 personas y lo mejor es que pudimos “jugar” con todo los “jugable” de la exposición sin hacer colas ni nada de eso.

Textile Playground mostraba nuevos materiales textiles (que cambian de color con el calor o con el frío), te permitía diseñar tus propios diseños en un ordenador y verlos proyectados en el museo… Por cierto, qué bien nos quedaron unas “sábanas” de círculos grises…. También podías confeccionar un delantal, una bolsa o un cojín (allí estaban las instrucciones, las telas, las máquinas de coser para ponerte manos a la obra). Para flipar.

En fin, que el Museo Ikea nos dio para horas de entretenimiento.

EL HOTEL IKEA

Oye y que justo enfrente del Museo está el Hotel Ikea. ¡Qué chulada! Es práctico, funcional, “muy Ikea”. Nos encantó y nos sentimos como en casa. Hay un jardincito, con su huerto y todo, del que puedes coger fresitas, por ejemplo. Tiene dos acogedores rincones con chimenea (en invierno, el ahora encantador pueblecito de Älmhult debe ser bastante fresquito con sus buenos metros de nieve). Hay mantitas para ponerte por encima si sales al exterior y tienes frío…

Nuestra habitación era para tres personas y había cuatro literas, cada una con su cortinita para mantener una cierta intimidad. Pero todo muy mono, muy sobrio, muy limpio de líneas y de todo.

El restaurante ofrece algunos platos muy buenos (la carne cocinada a baja temperatura, por ejemplo) y helados artesanos excelentes.

Ikea Hotel

Esta es una zona común del Hote Ikea. Hay impresora, sitios para cargar los móviles y un par de ordenadores, además de un rincón para niños (sus sillitas, pinturas, etc.)

Después de la aventura Ikea en Älmhult (¡que sé escribirlo!), nos fuimos a Copenhague, pero eso ya es otra historia. En resumen: nos empapamos (lluvia), disfrutamos de lo lindo y acabamos en un local jugando al “Aventureros al tren” el sábado por la noche.

Ikea Copenhague

Aquí un resumen de nuestra estancia en Copenhague: empapados, pero felices

Total, ¡que lo hemos pasado de miedo gracias a Ikea! Ha sido un viaje precioso que nos ha permitido conocer mucho mejor Ikea, nos hemos hecho (aún) más fans de la marca, ahora entendemos más lo que hay detrás de la empresa y nos han dado muchas ganas de volver a Suecia y conocer más a fondo este país tan desconocido y tan atractivo. 🙂

Ay, (suspiro), qué bonito ha sido todo.