EuroCon 2016 (Convenciones cienciaficcioneras)

Ocho meses sin publicar ni una entrada son muchos meses. Demasiado. Pero mi vida también ha sido “demasiado” y de vez en cuando el mundo real se convierte en una prioridad y el virtual queda relegado a un “cuando tenga tiempo”.

En estos 8 meses he cambiado de trabajo. Si me apetece, ya os lo contaré otro día. Ahora en mi vida laboral me siento como Ray Donovan, siempre solucionando problemas, pero en mi caso sin matar a nadie. (Espero).

Y en estos meses también he colaborado en la organización de la EuroCon 2016, que se celebró la semana pasada en Barcelona. Y “¿Qué es una EuroCon?”, os preguntaréis los muggles… Pues es la Convención Europea de Ciencia Ficción, Fantasía y Terror. O sea: un montón de frikis europeos y extraeuropeos (850 aproximadamente) que nos juntamos para hablar de nuestras cosas, echarnos unas risas y compartir cervezas, tiempo y pensamientos. Algunos de ellos profundos y todo.

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Una parte de la organización de la EuroCon a punto de reunirnos, por última vez, antes del gran evento

@Doña Sierpe dice que ignoraba cómo se fragua una EuroCon. Yo sí lo sé. Y os lo voy a contar: la idea inicial partió de la cabeza de Pep Burillo (en la foto con camiseta roja y camisa oscura) que en un día de locura se preguntó por qué los frikis de Barcelona no organizábamos una EuroCon. Se lo comentó a Cristina Macía e Ian Watson que están aún más locos que Pep y, claro, les pareció una idea estupenda. Luego nos lo plantearon a un grupillo del fandom que tuvimos un momento de enajenación transitoria y dijimos que sí, que claro, que ayudaríamos en lo posible.

Enrique Corominas creó un logotipo, Cristina e Ian presentaron la candidatura de Barcelona en la EurocCon de Dublín, se votó allí y, plas, nos eligieron. Eso fue hace dos años.

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Desde entonces cada uno ha hecho lo que mejor sabía: crear la web, conseguir subvenciones, buscar dónde celebrarla y alojar a los inscritos, hablar con la Filmoteca para proyectar pelis relacionadas, traducir el Mecanoscrit del Segon Origen, buscar ponentes para la HispaCon (BCon, la convención española que coincide con la EuroCon), para el track académico, el menos académico, diseñar materiales, imprimirlos, poner a disposición del equipo un lugar para reunirnos, conseguir y coordinar voluntarios (¡los mejores voluntarios del mundo!), llevar las cuentas, ocuparse de la Comunicación, de la Prensa, de las pequeñas y grandes cosas, de la logística… En fin, ha sido la labor de mucha gente en pequeños equipos que a lo largo de estos dos años han turnado su protagonismo los unos a los otros en según qué momentos del proceso. ¡Una auténtica labor de equipo!

Yo me ocupé de llevar a ratos la cuenta de Twitter, aunque Sergi Viciana y sobre todo Zeta (que vale para todo) son los que han cargado con el peso más grande de la relación con los Medios, Facebook, la prensa y la comunicación. Y mi mayor aportación fue, quizás, ejem, además de acarrear cables, cajas y micros, conseguir dos astrofísicos que hablasen sobre la exploración espacial europea y los proyectos que la ESA tiene en marcha. La Agencia Espacial Europea se enrolló un montón y hasta nos prestó un trozo del telescopio espacial Hubble para poder enseñar a los asistentes.

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Aquí con Zeta en la ceremonia de clausura. Este chico vale para todo y da gusto trabajar con él.

Por cierto que como somos frikis y un poco nerds conseguimos ser Trending Topic en Twitter el viernes y el sábado (en la zona de Barcelona).

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Algunos de mis “momentos EuroCon”

Cuando organizas algo, no puedes disfrutarlo como Dios manda. Así que apenas pude asistir a charlas ni saludar prácticamente a nadie. 😦

Durante la Inauguración estuve entregando bolsas y credenciales y montando un poco de todo en el mostrador de Información, me quedó un mini rato para poder charlar con Richard Morgan y comer con Lisa Tuttle, Colin Murray y Emily. Por la tarde fui a firmar a la librería Gigamesh. Al día siguiente estuve casi el 100% del tiempo dedicada a esos dos astrofísicos, que os contaba que son unos cracks y, ejem, familia mía. Así que cuidamos del pedazo de Hubble, los llevamos a comer por Barcelona (a ellos, al pedazo de Hubble, no, que no le hace falta), les enseñamos la librería Gigamesh y los entresijos de la EuroCon. También asistí a la cena de gala con la entrega de los premios Ignotus e Ictineu. Total, fue un día agotador.

El domingo compartí mesa con John Clute, Alejo Cuervo y Dalibor Perkovic para hablar de “Does SF Prevent a Bad Future?” (podéis ver la charla aquí) y acabé a última hora de la tarde con los riñones hechos fosfatina después de desmontar bolsas, hacer y deshacer cajas, cuidar de una sala y dejar, finalmente, el CCCB tan bonito como cuando nos lo encontramos.

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¿Quién me hubiera dicho a mí que iba a compartir mesa con John Clute? (Guauuu)

Me perdí cientos de cosas, podría contaros cotilleos que no debo difundir, no pude hablar casi con nadie… Pero al menos, esta vez ha quedado todo grabado. Porque por primera vez en la historia de las eurocones hemos podido emitir todo en directo, en streaming, y todos aquellos que os lo perdistéis podéis volver a ver TODAS las charlas aquí. (¡Menuda alegría tener presupuesto para poder hacer esto! ¡Tomaaa!).

La EuroCon ha pasado. Yo he disfrutado de pequeños y grandes momentos. Me quedo con algunos de ellos para siempre en mi corazoncito. Pero lo mejor ¿sabéis qué es? Haber leído en vuestros blogs, Facebooks, tuits… que lo habéis pasado estupendamente, que habéis disfrutado. Porque estoy súper orgullosa de haber podido colaborar con mi granito de arena en la organización de esta EuroCon. 🙂

 

 

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Estoy missing. Una historia personal.

Que hace siglos que no actualizo el blog. Ni cuelgo un vídeo absurdo de mamá friki. Ni escribo… (Bueno, esto último es mentira: en los últimos meses he conseguido escribir un par de relatos, pero no he podido empezar las dos novelas que quieren salir de mi cabeza y amenazan con hacerla explotar).

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Así que os voy a contar por qué. Esto es personal. Y transferible.

Tengo un trabajo que desde hace algunos años es a tiempo parcial. Es decir: trabajo sólo por las mañanas. De manera que por las tardes me puedo dedicar a escribir y a mis frikadas. Pero (¡ay, los “peros”!) desde el pasado octubre y por una serie de cuestiones que no vienen al caso, trabajo a tiempo completo. Mañana y tarde. Y eso iba a ser temporal, sólo hasta febrero… Pero luego se alargó a abril. Y ahora… Ahora no sé exactamente cuándo podré volver a mi horario parcial. Porque ahora, además, he cambiado de trabajo.

Y además (¡ay, los “ademases”!) en el último mes he estado de obras, se me ha inundado el baño (con agua de las alcantarillas, una chulada, oigan) y he pillado un constipado o gripe que no me quiere abandonar y me hace toser como un perro apaleao.

Pues eso: que no es la mejor época y que no tengo tiempo para nada. Y ¿a quién le importa?.. ¡Pues a mí! Que no encuentro el momento de ponerme a escribir lo que tantas ganas tengo de escribir ni de grabar las bobadas que se me pasan por la cabeza.

Pero bueno, sigo viva. Y en estos meses también ha habido cosas buenas: gracias a las obras, ahora, cuando llueve, ya no me entra el agua en casa. Y estuve en mi pueblo (Madrid), en mi antiguo colegio, presentando “El Misterio de Arlene” de la serie “Tres Amigos y un fantasma” (que se desarrolla en un internado inspirado -por no decir calcado- en aquel colegio) y fue una experiencia muy, muy (MUY) bonita y muy emocionante. Y fui a Oporto (en Portugal, no el de Carabanchel de Madrid) y me inspiró un relato. Y pude enseñar el museo de El Prado a mi hija, y vimos el esqueleto de un gigante… Y vi a viejos amigos. Y he aprendido muchas cosas. Y he comido cosas ricas. Y he descubierto las patatas fritas bien gordas del Aldi. Y recibí un mensaje muy bonito del pasado. Y he hecho que se emocionen algunos. Y me modelado un collar. Y he visto amaneceres. Muchos. Y qué bonitos eran, caramba. Y, he tenido ideas que revolotean por mi cabeza, y un día las escribiré. Y me quedaré a gusto. Ay. Qué gusto.

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Este es mi antiguo colegio que está apunto de cumplir 150 años y en la pantalla hay una foto del mismo en el s. XIX. Pasmoso.

 

 

¡Os van a dar, pero bien!

Sí, a todos los medios tradicionales os van a dar, pero bien. Os van a dar, porque últimamente no sabemos si estamos leyendo el ABC o El Mundo Today, o si estamos viendo un informativo o un montaje del estilo de lo que montó Orson Welles en la radio con su Guerra de Los Mundos…

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Una portada del ABC propia de El Mundo Today

Siempre ha habido distorsión informativa. Somos conscientes que no es lo mismo leer el ABC, que El País. Antes sabíamos que la misma noticia podía contarse de dos formas distintas. A mí ya me enseñaron en el colegio que la objetividad es imposible. ¡Pues claro! Pero ahora, simplemente, es que no sabemos si la noticia es cierta o fruto de la imaginación de un periodista, de un redactor, empujado por un director, empujado a su vez por unos poderes que persiguen dañar la imagen o la reputación de su enemigo político, económico o lo que toque.

nos van da pero bien

Haz clic aquí y verás como los propios presentadores de los informativos de Antena 3 vaticinan que “los van a dar, pero bien”.

Total, que los periódicos se quejan porque pierden lectores y las televisiones porque se quedan sin espectadores. Y como esto siga así, a la larga sólo les quedarán lectores y espectadores de la tercera edad, de esos que no usan las Redes Sociales y que se siguen creyendo todas las mentiras que aparecen escritas sobre un papel o en la pantalla de televisión. Y eso no se arregla regalando pañuelos con la prensa, ni creando nuevos realities con los que atraer a una audiencia por la que pagarán unos supuestos anunciantes.

No, no se arregla así. Sino ofreciendo noticias y no invenciones.

Los medios tradicionales, en manos de bancos y grupos económicos han perdido toda su credibilidad y sólo merecen nuestro desprecio, rechifla y mofa.

buenafuente #nosvanadarperobien

Haz clic aquí y mira como Buenafuente se ríe de todo esto, lo explica muy bien y pone un ejemplo de invento periodístico usando a Bertín Osborne XDD

Y a mí me gustaría reírme más, pero es que la idea de fondo es terrible: como en un libro de ciencia ficción, de esos que me gustan a mí, como en 1984, o como en el mito de la caverna de Platón, las sombras que vemos son tan deformes, tan grotescas, se alejan tanto de la realidad que las crea, que pronto perderemos de vista esa realidad y sólo nos quedarán las mentiras. Mentiras de las que lo único que podremos hacer será ¡burlarnos!

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Y esta última imagen no la explico. Los que la entiendan que lloren conmigo… o que se rían. Porque sólo los grandes comediantes pueden reírse del gran teatro del mundo.

Bowie canta para mí

Se ha muerto David Bowie y yo no he dicho nada. Aún.

¿Cuál fue mi primer concierto? Uno de Bowie. En el Vicente Calderón. Fui sola. Ninguno de mis amigos quiso o pudo ir. Era jovenzuela. No sé cuántos años tenía, pero no debían ser muchos porque mi padre fue a buscarme cuando acabó para llevarme a casa. Estuve sentada en una grada. Esperé a que empezase el concierto mientras leía un libro de la editorial Ultramar. Estaba sola. Y Bowie cantó sólo para mí. O casi me lo pareció.

No fue la única vez que lo vi. Años despúes, cuando estaba en la universidad volvió a Madrid a ¿presentar un nuevo disco? Hubo una rueda de prensa y un mini concierto. Me enteré y junto a una amiga, su novio y una veintena de fans, nos plantamos en la puerta de atrás del local y rogamos al segurata que nos dejase pasar. Y ¡lo hizo! Éramos pocos. Éramos enrollados. ¡Y nos dejó pasar! Vi actuar a Bowie a unos pocos metros. Esa vez sí que cantó para mí… y para unas pocas decenas de periodistas, supongo. Pero estoy segura de que los que más disfrutamos fuimos esa decena de fans que nos colamos.



¿Que se ha muerto Bowie? Imposible. Sigue ahí, en algún sitio, como siempre. Como su música. Su “Rebel, rebel”, su “Heroes”, su Ziggy, su Duque Blanco, su Aladdin… Siguen sonando los primeros compases de “Ashes to ashes” en mi cabeza. Siguen y seguirán. Siempre.

No os diré que he llorado. No. Pero se ha perdido una parte de mi vida que fue importante cuando eran importantes las cosas que ahora no lo son.

Os enlazo aquí al blog de Cristina Jurado que explica perfectamente porque Bowie nos hacía sentir especiales.

 

El Misterio de Arlene: suspense, nostalgia y fantasmas

¡¡He publicado un nuevo libro!! “El Misterio de Arlene”, que inaugura la serie “Tres Amigos y un Fantasma”, es un libro infantil destinado a chavales de 11 ó 12 años que, como siempre, también pueden leer los adultos porque encontrarán en sus páginas detalles que sólo ellos apreciarán.

Publicar un libro es siempre emocionante. Pero en esta ocasión hay algunos detalles que lo hacen un poquito más especial:

“El Misterio de Arlene” se desarrolla en un internado que no es sino mi antiguo colegio, las Escolapias de Carabanchel, en Madrid. He puesto en palabras mis recuerdos de lo que fue aquel inmenso colegio: el jardín con sus rincones misteriosos, las ruinas de la fuente, del huerto, los viejos bancos de piedra, los columpios, la cochera, el viejo tronco que nos servía de balancín, los olivos, la higuera, los lilos… Todo ello lo he recreado con todo cariño para que se convierta en el escenario en el que Bea, Alex, Berto y Arlene pasan sus aventuras. Y es que, después de todo, al igual que en la ficción de “El Misterio de Arlene”, mi colegio fue realmente, durante muchos años, un internado.

Portada Tres Amigos ok

La otra razón que lo hace especial es porque contiene unas ilustraciones monísimas, realizadas por Victoria Fernández, que hacen que sus páginas sean especialmente bonitas. Sí, bonitas, así, ñoñamente. Porque la verdad es que ha quedado un libro superbonito.

El Misterio de Arlene 9

¿DE QUÉ VA? Un resumen de la trama:

Alex, una adolescente de trece años, es enviada a Las Camelias, un internado que, como enseguida se descubre, esconde muchos secretos. Allí, hará dos nuevos amigos: Bea y Berto, a los que pronto se añadirá Arlene, el fantasma de una alumna de Las Camelias que murió en 1977.

La trama de misterio (el encuentro con el fantasma, ¿por qué murió Arlene? y ¿por qué se aparece justamente ahora a Alex, Bea y Berto?) se une a otra de suspense, ya que los cuatro amigos se meterán en todo tipo de problemas, tendrán que enfrentarse a peligros y descubrir quiénes son los cerebros de una trama de tráfico de drogas que opera en Las Camelias.

Por primera vez en su vida, Alex tomará decisiones por sí misma y conocerá el significado de la verdadera amistad.

 

En fin, que si os pica la curiosidad en este enlace de aquí puedes leer el primer capítulo. Si os gusta, pedidlo en vuestra librería de confianza:

 

Tres Amigos y Un fantasma: El Misterio de Arlene

por Susana Vallejo

Eds. Diquesí

ISBN: 978-84-941615-9-9

 

EXTRAS:

Aquí encontrarás una entrevista en la que hablo del libro. 😉

 

Star Wars y yo

En 1977 yo tenía nueve años. El estreno de La Guerra de las Galaxias fue todo un acontecimiento. Colas gigantescas se formaban alrededor de los cines en que se proyectaba. Su éxito fue tal que mi padre decidió llevarnos a verla, con mis primos, unos primos a los que no veíamos casi nunca, a la sesión de noche, en el Real Cinema de la plaza de la Ópera de Madrid. (Un cine que ya no existe).

Han Solo Star Wars
Yo tenía nueve años y aún recuerdo la tremenda impresión que me produjo ver en pantalla aquella escena incial en la que una nave enooorme era, es, siempre será, perseguida por otra nave aún más enooormeee, que no se acababa nunca… Era un plano absolutamente novedoso en el cine, y la sensación de realismo fue tan brutal que aún la recuerdo.

Del resto de la película no recuerdo nada. Pero en cambio sí que recuerdo ir, muy de noche, de vuelta a casa, en coche, por una carretera de Extremadura desierta, pensando en lo que había visto. Era a-lu-ci-nan-te. ¿Cómo podían haber hecho algo tan molón?

George Lucas Lawrence Kasdan
Luego vinieron los cromos, el puzzle de los Xwing que colgué en mi cuarto, los muñequitos de kenner… Tenía nueve años, pero cuando estrenaron El Imperio Contraataca, debían ser ya doce. Y entonces, entonces sí que me dió fuerte. Aquel final, tan abierto y tan triste me dejó intrigadísima y hecha polvo. La secuela me gustó aún más que La Guerra de las Galaxias y como no tenía vídeo, arrastraba a mi hermano, menor que yo, a cualquier cine dónde la echarán.

Vi El Imperio Contraataca, en cine, así como doce veces. Me sabía los diálogos, los aprendí casi sin querer, y Han Solo, Harrison Ford, se convirtió en mi héroe y yo, en su primer fan. Qué guapo estaba el condenado. “Te quiero”, decía Leia, y él le contestaba “Lo sé”. !!! ¡Madre mía! Tanta emoción en sólo dos palabras me dejó derretida del todo.

Harrison  Ford Autógrafo Star Wars
Como fan del siglo XX me dediqué a contactar con ¡todo el mundo! Escribí a la Twenty Century Fox americana, a la distribuidora en España, la Cinema International Corporation, a los agentes de los actores (recordad que Internet no existía, así que preguntaba en la embajada americana…). Gracias a mis actividades conseguí carteles, fotos, autógrafos… Era la fan número uno, ¿no?

Carrie Fisher Autógrafo
Y esa emoción, ese amor incondicional por la saga de Star Wars se mantuvo en el tiempo. Allí escondida en mi corazoncito. Hasta que estrenaron La Amenaza Fantasma. Nadie podría estar más emocionada que yo. Cuando , de nuevo en el cine, oí la música de John Williams… Oh, ah, oh… Y entonces vi la película y… aquello era una mierda. O sea, sí, estaba bien hecha, pero la historia, los personajes, me importaban un comino. Aquello no tenía emoción alguna. Era un envoltorio maravilloso para un enorme vacío.

Sí, vi luego las otras dos películas y no volví a verlas nunca más. Me decepcionaron tanto que ahora, años después, cuando estrenan una nueva película de Star Wars, y los fans atronan las redes, yo callo. Ni siquiera he comprado una entrada. Ni siquiera sé cuándo iré a ver El Despertar de la Fuerza. Iré sí. Pero me decepcionaron tanto hace años, que mataron toda emoción. Ahora ya no espero nada. Mis expectativas son cero. Es como un amor que te traicionó y te hizo tanto daño que ahora cuesta volver a enamorarse. Veremos. Veremos.

Espacios en la memoria: las Escolapias de Carabanchel

Hace unos días he terminado de escribir mi último libro. Se supone que era una historia “sencilla”, para niños. Pero al final ha resultado ser algo más: un ejercicio de nostalgia y de recuperación de lugares del pasado. Al final, resultará que siempre escribo sobre lo mismo: la nostalgia por el pasado, la memoria, los paraísos perdidos…

Total, que yo empecé mi librito planificando la estructura: los capítulos, cuándo pasaba qué, cuándo se descubría esto o aquello… Y cuando ya tuve toda la historia organizada, empecé a escribir. La acción se desarrollaba en un internado, y tenía que describir ese internado. Necesitaba que tuviera unos espacios concretos en los que ocurrían algunas escenas… Y entonces, sólo entonces, me di cuenta: ¡¡No tenía que inventar nada!! Todo lo que estaba imaginando y empezando a construir con mi imaginación, ¡ya existía en mi memoria!

Esta es la escalinata de la entrada principal al colegio. Desapareció en los años setenta

Mi antiguo colegio, las Escolapias de Carabanchel, había sido en tiempos un internado. Cuando yo estudié allí, aún conservaba muchas características de aquellos tiempos. Así que ¡para qué inventar nada! Simplemente me he dedicado a rescatar de mi memoria el colegio al que fui en los años 70′ (que, por cierto, no se parece en nada al actual).

Durante los últimos meses, mientras desarrollaba la historia de los protagonistas, he vuelto a recorrer la cuesta emparrada, las pistas de patinaje, los columpios, la cochera, el viejo y enorme pino, he paseado de nuevo por el jardín, he tocado los bancos de piedra, los olivos, la verja, los muros… A veces he tenido que cambiar alguna cosa de sitio, porque le iba mejor a la trama, pero, en general, no he inventado nada. He escrito sobre un internado de ficción: Las Camelias, pero he rescatado Las Escolapias en los años 70′ y me he dado cuenta de lo bien que sigo recordando aquellos muros en los que pasé tantos años.

Este jardín era mi recreo. En octubre la parra se llenaba de uvas y ¡qué asco me daban cuando me las ponían de postre en el comedor!

Y el libro, que a priori, iba a ser algo más sencillo, se ha enriquecido con este paisaje real. Un lugar que se ha convertido en un personaje más y en un homenaje a mi ex colegio.

Y si cierro los ojos, como mi protagonista, vuelvo a atravesar los muros de Las Camelias/ Las Escolapias de Carabanchel y a deslizarme por sus jardines como un fantasma.

Cuando yo estudié en las Escolapias de Carabanchel, estos bancos ya eran una ruina.