Eclipses de sol totales

Sí, soy una mamá friki y es muy raro que no me haya convertido en una cazadora de eclipses totales.

El último eclipse de sol total que pudimos contemplar desde Europa fue en 1999. Había que ir hasta el norte de Francia para poder disfrutarlo al 100%, pero ¡qué distancia es esa para una mamá friki!

La experiencia de vivir un eclipse solar completo (100%) es única. Da igual las fotos o las grabaciones que hayas visto, ¡nada iguala lo que significa sentirlo en vivo!

En 1999 yo leí en una revista la experiencia de un abuelo que había contado a su nieto cómo había sido el eclipse que había vivido en Lleida (creo) a principios del s.XX. Su entusiasmo era tal, que aquella narración me convenció para ir en busca del eclipse total.

Susana Vallejo Madre de Dragones Friki

Preparada para el eclipse

De modo que allí que me fui. Era agosto del 99. Pillé unos atascos fenomenales en las autopistas francesas que conducían al norte, pero, como se trata de un país pseudocivilizado, abrieron las barreras para agilizar el tráfico. Un poco antes de la hora de la totalidad, llegué a un prado en el que ya había unos franceses de picnic, en sus tumbonas y con sus gafas de Mylar, preparados para ver el eclipse. ¡¡¡¡NUNCA MIRÉIS AL SOL DIRECTAMENTE!!!!! No vale hacerlo a través de una radiografía, ni de papel Albal, ni siquiera de unas gafas de soldador. Lo único que puede proteger tus ojos de lesiones irreversibles es un papel especial que se llama Mylar. (Se puede comprar en ópticas especializadas, en esas en las que puedes comprar telescopios: si hay telescopios, hay Mylar).

Total, que yo llevaba mis gafitas de Mylar preparadas. A través de ellas vi cómo iba aumentando la sombra de la Luna sobre el sol, al principio muy despacio, sin que apenas se notase algo especial. Pero luego, cuando una buena parte del sol estaba ya cubierto, la luz se volvió “rara”. Ocurrió muy poco a poco; de repente vi todo más oscuro, pero no como ocurre al atardecer. Esta era una sombra mate, gris, extraña. Y esa sombra mate era cada vezmás patente. Parecía algo antinatural.

Yo iba alternando el mirar a través de las gafas (“¡Ay, que sólo le queda una “uñita” al sol”) y al natural (“Ay, qué oscuro se está poniendo todo”).
Cada vez hacía más frío y más aire. Y, de pronto, porque el 100% se alcanza de pronto, ves cómo la luna está JUSTO delante del sol y lo tapa por completo. A través de las gafas ves sólo la corona, el borde del sol que empieza a arder.

Eclipse total corona

Esta foto tan chula es de la Wikipedia

Entonces me quité la gafas y… ¡la corona brillaba como si fuese mágica, santa, mística. Brillaba y saltaba. Y a su alrededor salían luces o rayos naranjas, azules y blancos. El horizonte, en cambio, mostraba la misma oscuridad del amanecer. Cuando apenas has podido comprender lo extraño y bello de todo eso, plaf, la corona estalla por un lado y se acaba ese momento cumbre tan efímero y hermoso. Y poco a poco, de nuevo la luz vuelve a la normalidad. Vuelve el calor, cesa el viento y los pájaros (que se callan y desaparecen) vuelven a la vida.
Un eclipse total es único. Es como vivir dentro de los efectos especiales de una película, pero ¡al natural! No me extraña que los antiguos pensasen que aquello era el fin del mundo. Todo es muy raro (¡y muy bello!).
Si tienes oportunidad de ver un eclipse total, ¡no te lo pierdas!

Aquí más sobre el eclipse del próximo viernes día 20. (Desde España asistiremos “sólo” al 80% de oscurecimiento del sol).

Y en 2026 podremos vivir un nuevo eclipse total de sol. ¿Te lo vas a perder?

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